La
cueva de los sueños olvidados de Werner Herzog
Un legado hierático lleno de
misterios
Abzalón Torres Echeverría
Un
documental profundamente testimonial, merodea el concepto clásico de documentar
la realidad a través de fotogramas: ¿pero qué realidad? Nada menos que un
rompecabezas de una parte del Paleolítico, encontrado en un fragmento de la faz
de la tierra como es la cueva de Chauvet, cuyo descubrimiento, entre los
rastros de fósiles y pinturas rupestres del hombre Neardental, fue hallado en
el año de 1994 cerca del rio Ardéche en el sur de Francia, por tres arqueólogos:
Jean Marie Chauvet, Eliette Brune y Christian Hillaire.
Pero, ¿qué contiene de especial este documental? Nada menos que el retrato del
hallazgo reciente de pinturas rupestre más antiguas que se han encontrado hasta
ahora, fuera de las múltiples lecturas que se producen (el documental las
muestra de manera didáctica) sobre las formas antropológicas e igualmente
arqueológicas de ese modo vivendi del hombre en el Paleolítico. De tal manera,
que toma un relieve de importancia, igual al que despertó en su momento el
descubrimiento de las formas nómadas de los Naku
Maku en selva a dentro del Amazona; pero con la diferencia que estos
vestigios de formas de vida de hace más de 40.000 años, lo hacemos sobre
“naturaleza muerta pintada con cachimba”, y no sobre el viviente modo de vida
nómada de los Naku Maku.
En
ese sentido, La cueva de los sueños
olvidados, se desarrolla como trama en cuatro etapas en cuanto a la
documentación de esta realidad tan fuertemente anclada en nuestros antepasados:
primero, el introito sobre el descubrimiento de esta cueva como una aventura de
exploradores; segundo, la importancia del hallazgo; tercero, los
inter-conectores del pasado que rompe esquemas en el presente; y cuarto, la
amenaza sobre ese mismo pasado que es un tesoro hierático e imprescindible.
Pero
el punto central e importante de la realidad que nos documenta con rigurosidad
Warner Herzog, es que ese pasado está presente en la espiritualidad del hombre
a pesar del abismo infranqueable del tiempo, y, ese pasado, es sorprendente y
admirable por lo que nos dice y la manera como lo hace sobre el espacio que
hubo en un momento determinado, es decir, sobre la cueva, como Espacio-Habitad;
la majestuosa expresión artística a través de las pinturas y la posibilidad de la
existencia de la música, hasta tal punto que la expresión artística en la
pintura contemporánea, más cercana a ese pasado de la cueva de Chauvet, son los
garabatos enormes de Joan Miró, por la búsqueda de esencias puras y primarias
en la pintura; pero, igualmente, el documental, en un contraste abrupto, nos
muestra la amenaza sobre ese pasado que lo puede hacer desaparecer: cercano a
la cueva de Chauvet, se encuentra las plantas nucleares más grandes de Francia,
que por el desvío a un (1) kilómetro de las aguas que expele, han generado una
Biosfera Tropical que afecta todo. Este contraste al final del documental, nos
esta insinuando, cómo nos hemos equivocado, al separarnos de nuestro camino, el
camino que nos entrega un pasado más armonioso con el contexto: el uno y el
universo.
Barranquilla,
febrero 19 de 2015
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