Las notas de Henry Gómez

Nuestra quietud podría ser memorable
Un fantasma recorre el mundo: la pandemia del Covid-19.
Un fantasma recorre el mundo: la pandemia del Covid - 19.
El confinamiento voluntario o forzado figura como medida común donde quiera irrumpe su sombra de espanto.
Es como si los afanes del mundo (o al menos los que caben en ese mundo que hay en cada cabeza) se hubiesen frenado en seco.
Vivimos mucho tiempo bajo un signo de utilidad atado a una correa de fábrica.Pero la vida es más que eso y esa completitud demanda ahora su tiempo."La vida es eso que transcurre mientras estamos ocupados haciendo otras cosas" decía Jhon Lennon.

Esta hora rinde homenaje a la verdad que destiló su espíritu alucinado. Sin embargo, nos negamos. Nuestros cuerpos se aquietan pero nuestras mentes siguen agitadas.
Son los tiempos de la comunicación expedita, de la abundancia de información.Cada día a un clip de dedo nos servimos sumisos a una vorágine de certezas, pesadillas y fantasías, en un amasijo sin filtros.

Es increíble cuán cerca hemos venido a estar y con qué grados de dependencia de esa forma postmoderna de confinamiento.

Por ahí circulan todavía el arte, la filosofía y la ciencia. Hay que preservar y hacer masiva la costumbre de acariciar agradecidos un libro antes de dormirnos.
En muchos de ellos reposa (si dejamos que el espíritu nos guíe) la cúspide de todo cuanto haya hecho el hombre.

"La autoridad es equilibrio de la libertad y el poder" dijo Emanuel Levy .

Aunque sospechemos del poder político (y haríamos bien) la ciencia bien informada nos demuestra que esta es una hora de cuidado para vencer el peligro.

El espíritu nos indica en estas horas de enclaustramiento que, una vez retornemos de nosotros mismos y de nuestro entorno humano más próximo, ahí siempre están esas cúspides alucinadas para ayudarnos a lidiar con la quietud de un reposo inesperado.

Bien podríamos aprovechar para repensarlo todo: dar con los cimientos de las muchas fricciones al lidiar con nosotros mismos buscar las claves para aquietar nuestros demonios y conocer mejor y con mas detalles a aquellos que comparten con nosotros el techo y el lecho, carne de nuestra carne, conchas de nuestro costado.
Tener por fin los oídos despiertos a una naturaleza que esperaba por solo una oportunidad para mostrarnos que todavía no es tarde para que la dejemos recuperar su capacidad de reproducción milenaria.
Para que todo siga girando, para que haya un mañana, sin sombras, con posibilidad de un nuevo mañana.

No sabemos hasta cuándo dicte la prudencia el encierro.

Si escuchamos a la voz más afinada de todas cuantas bullen al interior de nuestro espíritu (que por mucho tiempo hemos mantenido silenciada) y si escuchamos a esos espíritus alucinados que antes que nosotros supieron escucharla.
De esos que hicieron todo lo posible por enseñarnos a tomar distancia del afán y la codicia que deshumaniza, del fuerte que pisotea, de treparnos encima del débil, de entrar a saco en la naturaleza.

Nuestra quietud pudiera ser bálsamo para el mundo.

Un fantasma recorre el mundo: el de una quietud que debemos aprender a apreciar.

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